Tutankhamón

Tal día como, 26 de noviembre de 1922, Howard Carter hacía una pequeña perforación en la pared que tapiaba la antecámara de la tumba de Tutankhamón. Así conseguía dar el primer vistazo al interior, mientras Lord Carnarvon, el mecenas del arqueólogo, preguntaba: “¿Puede usted ver algo?” … Y el arqueólogo contestó…: “Sí cosas maravillosas”

Así lo explica el propio Howard Carter en su diario:
“El día siguiente (26 de Noviembre) fue el mejor de todos, el más maravilloso de cuantos me ha tocado vivir, y ciertamente como no puedo esperar volver a vivir otro. El trabajo de limpieza continuó toda la mañana, forzosamente despacio a causa de los objetos delicados mezclados con el relleno. Luego, a media tarde, encontramos una segunda puerta sellada a unos diez metros de la puerta exterior, casi una réplica exacta de la primera. La marca del sello era menos clara en este caso, pero aún se podía identificar como el de Tutankhamón y la necrópolis real.”

“Despacio, desesperadamente despacio para los que lo contemplábamos se sacaron los restos de cascotes que cubrían la parte inferior de la puerta en el pasadizo y finalmente quedó completamente despejada frente a nosotros. Con manos temblorosas abrí una brecha minúscula en la esquina superior izquierda. Oscuridad y vacío en todo lo que podía alcanzar una sonda demostraba que lo que había detrás estaba despejado y no lleno como el pasadizo que acabábamos de limpiar. Utilizamos la prueba de la vela para asegurarnos de que no había aire viciado y luego, ensanchando un poco el agujero, coloqué la vela dentro y miré teniendo detrás de mí a Lord Carnarvon, a Lady Evelyn Herbert y a Callender que aguardaban el veredicto ansiosamente. Al principio no pude ver nada ya que el aire caliente que salía de la cámara hacía titilar la llama de la vela pero luego, cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, los detalles del interior de la habitación emergieron lentamente de las tinieblas: animales extraños, estatuas y oro, por todas partes el brillo del oro. Por un momento, que debió parecer eterno a los otros que estaban esperando, quedé aturdido por la sorpresa y cuando Lord Carnarvon, incapaz de soportar la incertidumbre por más tiempo, pregunto ansiosamente: ¿Puede usted ver algo? Todo lo que pude hacer fue decir: Sí, cosas maravillosas. Luego agrandando un poco más el agujero para que todos pudiéramos ver, colocamos una linterna.”